Unidos por el balón

La historia del futbol y de Siria es una de tantas en la que se demuestra lo importante que puede ser el deporte en lugares donde no hay paz.

Unidos por el balón
Foto: Especial

Muchas veces se dice que el deporte es capaz de confrontar los problemas sociales y si no me creen aquí les doy algunos de los grandes ejemplos: 

El fútbol en Costa de Marfil previo al Mundial de Alemania 2006 hecho que provocó la finalización de la guerrilla que vivía el país a través de una visita hecha por Didier Drogba y la selección marfileña a la zona del conflicto.

Otro caso y quizás el más claro fue el Rugby con Sudáfrica en la era de Nelson Mandela. Gracias al deporte contacto por excelencia, Sudáfrica pudo detener y erradicar el apartheid (racismo entre blancos y negros) y lograr que el país sea una potencia en esta rama.

Este caso puede que no sea tan mediático y tampoco el detonante en la solución social que tanto desea Siria, sin embargo, el hecho de que su selección de fútbol llegue por primera vez al juego previo al repechaje para ir a una Copa del Mundo genera estruendos sociales jamás vistos en el país de Medio Oriente.

Imaginarse vivir en un lugar donde las amenazas, los golpes, las detonaciones de armas y bombas sean el pan de cada día parecería sacado de una película americana, desafortunadamente eso vive Siria diariamente.

En Febrero al ver la tabla de clasificación, el cuadro oriental veía lejos el poder tener alguna chance para jugar en Rusia, sin embargo y contra todo pronóstico el equipo dirigido por Ayman Hakeem necesitaba no perder uno de los últimos tres juegos para tener la posibilidad de llegar al juego de repechaje en la AFC y de ahí el que gane enfrente al cuarto lugar de la CONCACAF.

El juego ante Irán era la luz de la esperanza mínima para la sociedad de Siria, sabían que un punto en tierra de los tigres blancos era suficiente para seguir soñando con algo que cada cuatro años ven muy lejos. El partido tuvo tanto revuelo que las organizaciones contrarias que suelen atacarse de cualquier modo decidieron hacer cese al fuego y una tregua, sí, un partido de fútbol fue capaz de unir unas horas a un país que necesita eso. Se logró el empate al minuto 93, el narrador de aquel juego en Teherán reflejó el sentir de todo un país, las lágrimas de fe, alegría y esperanza, eso que el deporte te puede dar.

Hakeen ha dicho en varias ocasiones que Siria está decidida a triunfar pese todas las adversidades y de eso hasta el momento no queda la menor duda.

No se sabe si podrán ganarle a los Socceroos de Australia, pero de una cosa estamos seguros: El fútbol es capaz de unir aquello que la maldad de unos cuentos piensa destruir.